nav-left cat-right
cat-right

Análisis Existencial de la Concienca (II)…¿dónde va o queda nuestra conciencia tras la muerte?

De plano mi fuerte orgullo me obliga por un lado a aceptar la descomposición/inexistencia de mi cuerpo y por otro al tiempo no aceptar que tras la muerte, caiga nuestra conciencia, alma o espíritu en la nada e inexistencia, por lo que tengo que buscar una salida a esa interrogante como cualquier ser humano. ¿Qué hay tras la muerte?

A veces espero el encuentro con Dios que me juzgará por mis actos y premiará o condenará. Aunque respeto y acepto tal opción, legítima de la ortodoxia católica, en cierto modo mi conciencia la invalida pues siempre he tenido claro o intuido, que a Dios hay que buscarlo fuera del halago del premio o del temor al castigo.

«No me mueve mi Dios para quererte, el cielo que me tienes prometido ni me mueve el infierno tan temido…» (Santa Teresa de Jesús).

Esta solución podría ser factible cuando nuestra existencia ha estado atrapada irremisiblemente entre la bipolaridad de opuestos: cielo-tierra, bien-mal, premio-castigo…

Pero… ¿ qué ocurre cuando rompes/has roto esa bipolaridad y te planteas tu existencia terrena como una búsqueda de sentido, el cumplimiento de una misión…?

Otras veces me halaga pensar en posibles reencarnaciones. Sin embargo reflexiono que si durante mi existencia terrena, he sido único, idéntico, diferente… no me complace al terminar la serie de reencarnaciones tener una falta de integración entre segmentos importantes de mi personalidad primera y menos poseer una personalidad múltiple o adaptar/compartir mi identidad única y diferente con otros seres. Sería así como ser partícipe de una clonación múltiple. También acepto esta opción como posible y la respeto, pero a mi instinto ético (conciencia) no le agrada ser rescatado/salvado con las creencias de otros.

Un día, ante la tumba de un ser querido, mi amiga Koro, recuerdo que nuestra conversación un tiempo atrás giraba en torno a algo así:

«Verás… (me decía), cuando llega ese momento en que nuestros días se han cumplido y nuestro destino llega a su fin, es momento de decir adiós a muchas cosas o mejor muchas cosas han muerto y quedado atrás en el camino de nuestra vida; vemos nuestro cuerpo como barquilla abandonada a la orilla del mar. Llega la muerte como realidad al tiempo tan instantanea, fugaz, intangible, delicuescente e imperceptible que comprobamos cómo se nos escapa la vida entre las manos sin que podamos retener esa existencia por más esfuerzos que hagamos. Es la intersección de las coordenadas históricas de nuestro destino, el final del sentido de nuestra búsqueda de identidad y el inicio de reencuentro con nuestra primera razón de ser:

«Y encontrarás una mañana pura, tu barca amarrada a otra ribera».(Antonio Machado)

Y ya metidos en harina como suele decirse, nuestra conciencia en el momento de la muerte, abandona nuestro cuerpo como luz del Sol que atraviesa el cristal y tras instante nos encontramos en encrucijada en que por un lado hemos abandonado ya nuestro cuerpo y por otra ante nuestros ojos se abren miríadas de caminos.

¿Cual tomar?

Hemos sido despojados tras la muerte de nuestra libertad luego es imposible e inviable una elección.¡No hay vuelta atrás!

¿Cual tomaremos?

Dice Sta Teresita de Lisieux (Patrona de Francia): «El esplendor de la rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su perfume ni a la margarita su encantadora sencillez».

Lo interpreto como que: Todos los seres a pesar de la moderna globalización, hemos venido a cumplir una misión; somos diferentes y cada vida ha sido diferente por lo que es lógico/justo y honesto que exista esa encrucijada de miríadas de caminos. Nuestro instinto ético (conciencia) durante nuestra existencia terrena siempre nos ha dictado lo que quería que fuésemos de acuerdo con nuestra primera razón de ser. Así que somos abocados y absorbidos irremisiblemente a un nuevo camino dentro de unas redes holográficas y vías de navegación espirituales en el camino (digamos) hacia las estrellas. Camino en el que te encontrarás otros seres humanos, amigos, conocidos, familiares… que viajan o lo intentan por otras vías: unas más rápidas otras más lentas, estancadas… y tú tan sólo serás aspirado/absorbido por el camino que marcó tu existencia terrena con la actitud y práctica de los valores que llevaste a cabo, guiado de tu instinto ético (conciencia). Ya lo dijo Santa Teresa de Jesús: «Dios no mira la grandeza de nuestras obras, sino el amor (fondo de la conciencia) con que las realizamos.

¿Sería esta solución una interrogante más esperanzadora y justa? Cada cual ha logrado/conseguido, el cielo que ha querido.

-¿Qué tiempo durará este nuevo viaje?

¿A dónde caminaremos?

¿Qué nos encontraremos?

 

(Fin Segunda Parte. Continuará)

 

En este artículo, a pesar que por mi parte no he pretendido hacer una disertación doctrinal, una página del Catecismo y menos una peroración teológica. Más lejos de mi intención. Por ejemplo: según los teólogos que ha redactado la Encíclica «Fides et ratio» en el apartadfo 4C leo:

«… La razón logra intuir y formular los principios primeros y universales del ser…».

En estos momentos de mi vida y evolución personal, difiero profundamente de ello ya que para mí es la conciencia la que intuye y tiene sus raíces en una profundidad emocional y no racional. La razón sería como un filtro/partidista de lo que se debe realizar mientras que la conciencia es ese principio que nos anticipa lo que ha de realizarse.

Pero en fin, tal vez el lenguaje de los teólogos sea algo conceptual y el lenguaje de nuestra conciencia esté más afín con el corazón.)

Hasta la próxima tercera parte me es grato dejaros esta reflexión del que fue presidente de la Asociación USA de Psicología, Catedrático Abraham Maslow: «Si deliberadamente decides ser menos de lo que eres capaz de SER, serás tremendamente infeliz el resto de tus días».

.

.

Artículo de José Barragán Gutiérrez publicado en el número 13 de la revista La Serranía en noviembre-diciembre de 2001.

 © Editorial La Serranía, S.L. Prohibida la reproducción de textos y fotografías sin autorización previa y por escrito. Todos los derechos reservados.



Deja un comentario